El orden del caos: el Libro premiado de Rosalía Valenzuela

         

uando el hombre/Juntó una piedra con otra/

Descubrió un manifiesto/Útil/Siendo el calor de ellos

Un arma/No tan sólo de doble filo”.

 

            El libro El arte del caos, de Rosalía Valenzuela, nos presenta un entramado de diversas perspectivas de la realidad, que como resultado final, forman un cuerpo  unificado. Perspectivas como; la asociación del sacrificio de cristo con las dinámicas inhumanas del capitalismo; la sangre derramada por la guerra como tinta que escribe la historia y fin de la inocencia; el vaivén entre la cultura tradicional oriental y la actualidad occidental en sus militancias; las contradicciones entre lo natural y lo artificial; la evolución, la guerra-poder y la ciencia; la inconsciencia del ser humano de este siglo, se unen para comprender el orden del caos a través de los poemas de este libro.

   Existe entre estos versos un continuo vaivén desde el interior hacia el exterior, un cuestionamiento del ser humano como ser espiritual y terrenal al mismo tiempo. Este libro es un espejo no solo de la realidad tangible, política, histórica, sino también de la realidad intuida. El aparente caos temático de este libro, es el reflejo de la propia existencia en su diversidad entramada.

            El título nos dice todo, el concepto arte en cuanto manifestación humana, necesidad de comunicación, concepto desde el ojo humano, deforma la palabra caos, propia de la naturaleza y lo divino, orden natural de las cosas. Los versos que componen este libro desarrollan esta idea desde las diferentes perspectivas ya mencionadas, diferentes venas cuya sangre es parte del mismo torrente y del mismo organismo.

            Por esta razón, las apreciaciones que se manifiesten en estas palabras introductorias estarán divididas en tres secciones; la primera, sobre el caos humano (guerra, fragmentación)  y el caos divino (armonía, unidad); la segunda, sobre la imagen de Jesús obrero, la militancia y las injusticias actuales; la tercera, sobre la búsqueda de la verdad y la deconstrucción de lo humano-artificial para acercarse a lo espiritual.

I.- El caos humano, el caos divino.

            En el poema II la poeta manifiesta: “Ayer,/En Hiroshima lanzaron una seta/Al aire/Hoy, los ingenieros genéticos/A modo de sueldo con tarjetas de crédito/Crean microbios en selectos alimentos/Y falsas esperanzas/Usando el arte del caos/En el cuerpo humano.” Existe una distinción entre el caos natural (divino) y el que provoca el ser humano, si bien en algunos poemas la palabra responde a un orden de la naturaleza,como en:  “No puedes retener/Lo que la libertad creó/[...]Sosteniendo desde la quietud/El caos que equilibra al dios.”,  en otros, se transforma en destrucción.  Caos como equilibrio de los dioses, caos como libertad y naturaleza inamovible, por un lado. Por otro lado, caos como guerra, como desequilibrio y enfermedad cuando lo humano intenta igualarse a lo divino a través del mal uso de la sabiduría científica-tecnológica. En los versos: “Esperando su cámara de gas. /En estos días/Llegan por correo electrónico.”, existe una asociación de la guerra y la destrucción con las nuevas tecnologías, la guerra ha cambiado de estrategia, de forma y método acomodándose a este siglo. 

            Finalmente el ser humano es ente desestabilizador de lo natural y el continuo transitar entre su naturaleza destructiva y la armonía que lo rodea, resulta en fragmentación. La unidad es propia de lo divino, percepción de la realidad como conjunto, compuesto de fragmentos pero que están relacionados y son una misma cosa. La fragmentación es el estado natural de lo humano, lo humano es el compuesto artificial del universo, la fragmentación de la unidad. Los límites entre la inteligencia y la destrucción se tornan difusos.

            No solo la fragmentación nos hace humanos y nos alejarían de lo natural, el poder, las instituciones religiosas-políticas y el dinero harían lo propio: “Aún vive entre nosotros/El siglo de la emigración de lo natural/Hacia el dinero”. La institucionalidad paternalista, condescendiente (en cuanto algo humano, no natural) versus la realidad del pueblo, se devela: “Me hablan de derechos humanos/Tratados internacionales/Como si tuviera que aprender a multiplicar./Hace meses/Vi la imagen de un cráneo bombardeado/. “ La institución, las fronteras, la educación, las creaciones artificiales se conciben en este libro como lo que finalmente nos aleja de lo verdadero, de la divinidad, de la inocencia, como lo que nos enceguece. Si la educación y la historia, están manchadas de sangre, entonces la exposición de la mente de los niños a ese aprendizaje, acaba con su inocencia, los hace repetir los pasos de las destrucciones históricas, el reino de la imaginación resulta ser el estado de pureza natural:

La maestra las sorprendió corriendo/Por los pasillos de la escuela,/Palomas revoloteando por el cielo/Haciéndoles bajar de esos cielos prometidos/Con el fin de hablarles de una verdad./Teñida de palabras rojas/Desde aquel instante/Ambas tomaron rutas distintas/ Siendo una de ellas hoy, un arma.

            Una especie de efecto pigmalión (profecía autocumplida) se percibe aquí. En el momento en que los niños conocen la historia, se espera que la repitan, tenderán a repetirla y he ahí la pérdida de su pureza. Acaso si no la conocieran pudieran construir una libre de corrupciones.

            El tema de la guerra es recurrente entre los versos que conforman El arte del caos, se manifiesta este concepto como consecuencia de la irreflexión, el desarrollo tecnológico y los avances científicos. Existe también una linealidad temporal-histórica de los conceptos de guerra, partiendo con Hiroshima para llegar a la actualidad: “Nadie nos quiere decir/A los ojos que cada bala/Es el anuncio de ésta tercera guerra.”. La actualidad no solo se concibe a nivel de guerra mundial, sino también, a nivel de militancia particular, lucha personal. Es por esto último que la voz poética de este libro se torna ojo ético que denuncia y resiste desde el margen, desde el desprecio por el poder, el dinero y la ignorancia selectiva. Cercano a un manifiesto vanguardista, los contenidos de El arte del caos desvisten el concepto “burgués” para reconstruirlo con nuevas vestimentas. ¿No es acaso burguesa nuestra adicción a la tecnología? ¿No es acaso burguesa nuestra comodidad actual? ¿Nuestra forma de relacionarnos con la realidad y la economía?  ¿Esta explosión demográfica de desclasados? ¿De despolitizados? : “Esto de matar/Es cuestión milenaria/Permitiendo al azulísimo/Poner sus narices/A conveniencia de los que nunca/Han sentido hambre.”

            Finalmente, las diferencias entre lo humano y lo divino asociadas a la guerra y al orden natural, respectivamente, son latentes, claras, circulares y complementarias a lo largo de estos texto: “Las debacles son el orden/Establecido de los paradigmas/En cada intervalo de clase/Arraigando/Someter a la calidad humana/A sus falsos dioses.” Sin duda, diversas organizaciones  han querido capitalizar lo espiritual a través de la religión, es decir a través del poder religioso en complicidad con los otros poderes. Así como el concepto política ha sido manipulado por los intereses partidistas.

Dentro de los sentidos de estos versos, podemos encontrar una resistencia a estos puntos, se interpela al lector, se le obliga a tomar postura desde la clase, desde la militancia desinteresada y desde la espiritualidad, se interpela al lector a que reflexiones sobre la consecuencia de Jesucristo como arquetipo del ideal humano.

II.- El poder, el hambre, Jesucristo obrero y las militancias.

            Otra de las perspectivas complementarias de este libro, se relaciona con la asociación entre Jesús y la clase trabajadora: “¿Acaso olvidaron/Al que enviaron a Calvario/Porque era obrero/”. Jesús como víctima del primer crimen de odio clasista, el primer militante (defensor de un ideal que trascendía su interés particular)  popular de la historia sacrificado en un crimen político, se configura entre estos versos. De mano de la injusticia, los artificios del hombre se levantan como bandera de supremacía sobre la naturaleza, el poder del dinero, de lo material, resulta en soberbia y traición a lo verdadero, en ceguera.

            En este sentido, los dolores del oprimido se igualan trascendiendo tiempo y espacio, corresponden a un mismo proceso, un proceso que también trasciende periodos de la historia y demuestran un estancamiento del desarrollo humano en su sentido espiritual: “La ciencia porcentual/Es el ejercicio de las ilusiones ópticas/A obreros de la construcción/Dibujando gráficos varios/Por cada latigazo en Egipto/Contando a sus muertos.” Podemos concebir entonces este nuevo sistema económico como un sistema de esclavitud moderna cuya forma ha cambiado pero responde a las mismas inconsciencias, es decir, el poder estuvo y está maldito. La voz poética pareciera decirnos que el paso de los siglos y el “desarrollo” de la humanidad nada tienen que ver con su evolución ética. Que el poder sigue propiciando desigualdad, pobreza y hambre.

            Si Jesús corresponde al obrero explotado, masacrado, podemos percibir también que las formas corruptas de hacer política se plantean, en este libro, como formas que responden a la misma lógica de la crucifixión. El primer crimen de odio clasista, el primer crimen de odio político sigue vigente a través de los siguientes versos de la poeta:

La tiza es piedra/Lanzándose rauda a la calle/Gritando a los sordos/Del sindicato/Que se lavan las manos a lo pilatos/Y los delantales blancos/Siguen voces ejemplares/Consiguiendo resultado en común/La suma de las divisiones/Siendo una sola clase numérica./La sequía de las manos/Se tejió por cuatro bestias/En los bolsillos proletarios/Beneficiando a los que aprietan/Corbatas porcentuales/Repartidas por colores/Entre cuellos y pulseras.

            La militancia honesta, consecuente, como espacio de buenas prácticas éticas e instancia de perfeccionar nuestra naturaleza, son aspecto claves en la poesía de Rosalía Valenzuela: “Dejando mala huella/En éste ahora/Bajo banderas de ocultas militancias/Creando leyes a sus infrecuentes medidas.”. A través de la analogía de la crucifixión, observamos entonces cómo los aspectos negativos de la historia se repiten cuando los sujetos que la crean son inconsciente y en palabras de Sócrates, no cuidan de sí mismos, es decir, no se trabajan ni cuestionan para relacionarse de buena manera con otros: “Siendo fuente combativa/Antes que a vanidad/Traicionara/Deshaciendo el mañana/En un purgatorio sombrío/Racionando un poco de poder.” Nuevamente el concepto de poder, punto que corrompe tanto la espiritualidad como la militancia. Palabras que remiten a la poeta Elvira Hernández cuando declara que el poeta no puede estar cerca del poder sin contaminarse, que no puede ser parte del sistema o a las palabras de Stella Díaz Varín cuando habla de la ética y la estética como asuntos inseparables, cuando se refiere a militar y escribir poesía como actividades indisolubles. Dos poetas que, junto a Rosalía Valenzuela, convergen en la visión de unidad dentro del arte, donde la creación, la espiritualidad, la militancia, la ética, lo humano, son los fragmentos entramados del artista comprometido:

Él ve y enseña. A veces quisiera liberarse de ese don superior que a menudo es una pesada cruz. Pero no puede. Acompañado de burlas y odios, arrastra hacia adelante y cuesta arriba el pesado y obstinado carro de la Humanidad que no se atasca entre las piedras.  (Kandinsky, De lo espiritual en el arte.)

            No, Kandinsky no está hablando del Cristo, está hablando del artista verdadero quién carga con los costos de la consecuencia y el don de la visión. En concordancia con el autor, los versos de El arte del caos relacionan constantemente las corrupciones de la militancia política actual con la militancia politico-espiritual pura de Cristo y con la del artista, triángulo final, base que sostiene esta interesante perspectiva poética: “Simulaban piedad/Lapidando al rostro/Descubriendo el atentado/A lo víctima/Olvidando que ellos fueron/Más su pueblo/Los que sacrificaron/A ese Cristo.” Estos versos vienen a rescatar el concepto puro de la militancia, la trascendencia a los intereses partidistas, personales y económicos que tan recurrentes son en la historia de la humanidad. Igualmente, vienen a rescatar la imagen de Cristo de las garras de la oficialidad religiosa, devolviéndole su valor histórico,  humanista, ético, popular y metafísico.

III.- La ilusión del sistema humano. El despertar de lo divino y la verdad.

            En consecuencia a lo anterior, todo lo que represente a la institución se manifiesta como desconectado con la verdad trascendente de lo humano en este libro, las consecuencias del capitalismo y el desarrollo resultan en horrores: “La ciencia en todas sus ramas/ Regala ojos al mundo/ Para caminar firme/En su ceguedad.” Entonces el desarrollo científico no sería proporcional a la capacidad de visión que poseemos, al contrario. Es más, incluso nos proporcionaría una seguridad falsa, la soberbia de quién cree ver: “Que el lazarillo siempre termina/Donde la gloria se vuelve/Suicida.” La institución, la burocracia, todos los artificios de la humanidad corrompen la existencia, crean la desigualdad: “Papeles burocráticos/Es acción de monasterio/Frente a la opresión/Que organiza al hambre.”; “Niegan el derecho a la/Vida en opulentos pasadizos/Burocráticos/Olvidando a conciencia que la mórula/Es libre de toda culpa.” Los sentidos de estos versos nos llevan a la palabra intuición, pues ninguna creación humana parece estar a la altura de los dones con los que nacimos naturalmente. Los sentidos ocultos parecieran ser las herramientas que nos conducirían a la verdad.

            La visión humana, en lo concreto, se remite a un par de ojos; pero desde las metafísicas orientales esto cambia. El tercer ojo, ojos de Shiva, ojo del Dangma, asociados a la consciencia espiritual, son conceptos que  permiten concebir el ver como un asunto no solo concreto sino que trascendente. ¿Qué es lo que realmente vemos con nuestros ojos? ¿La realidad tangible no esconde acaso una realidad inaccesible? Los avances de la ciencia y específicamente la creación del acelerador de partículas nos han permitido asomarnos como humanidad a los misterios invisibles de la creación. Así mismo, nos hemos asomado a los misterios de la materia oscura, descubriendo un sustento, una base para ocupar con propiedad científica la palabra alma, materia invisible que tiene efectos sobre la materia visible. Los descubrimientos científicos han dado un paso más allá de la física y han colaborado en dar sustento a las religiones dhármicas, desde la física cuántica: “La luz es lógica fuerte/Sobre un papel y Buda/Una danza de agua en la boca”. Sin duda, el universo siempre está un paso más allá de la ciencia de lo humano y nuestra ceguera es incurable, puesto que, estos descubrimientos no han cesado la guerra, el hambre, las matanzas, la ambición. En palabras de la poeta:

Esta ciencia de lo humano/ Sabe que los uniformes pueden manipular/A la hora de levantarse de sus cuarteles/Obedeciendo a la rencarnación/Por lo tanto, hermanos míos,/Que el tercer ojo nazca de la fluidez/Del espíritu/Sin permitir que el hombre/Mate por el hambre.

            En El anticristo, Nietzsche deja clara su postura: “La religión cristiana se desarrolló en un terreno falso, en que toda naturaleza, todo valor natural, toda realidad, tenía en contra los más hondos instintos de las clases directoras; esa clase de hostilidad a la realidad, de enemistad a muerte no ha sido superada hasta ahora”. Postura que sintoniza con los versos de Rosalía Valenzuela, si continuamos aceptando la separación de espiritualidad con religión, podemos entender cómo el cristianismo deformó el mensaje de Jesús para servir a intereses político-económicos. Mismas estrategias que la iglesia y el poder utilizan en la actualidad.

            Cómo se menciona al comienzo de este trabajo, las tácticas de la guerra se han adaptado a este siglo: “Desde la clandestinidad del cable/Un perfume de mujer trasluce todo/Siendo la imagen/más que un/Portafolio/Pero la CIA hoy no asesina cuerpos/Si no que mutila mentes/Utilizando masas.”. Misma masa manipulable de la que habla Nietzsche en el libro mencionado, podemos concluir entonces que los poderes de esta era han masacrado el pensamiento crítico, tal y como el cristianismo lo hizo en sus inicios: “Concebir argumentos/Como quién es madre/Es una necesidad de luz/Sobre los caminos.” El pensamiento, la reflexión filosófica resulta tejido sano dentro de la podredumbre, la liberación del ser humano responde a su propia capacidad de romper los límites que impone el sistema de vida actual: “Dios no expiró en el método/Científico/Tampoco se mató en la cruz/Reencarnó en un hombre/Que se liberó de la jaula./Besé sus marcas. Me hizo mía.” La liberación de este mundo, a través de la reflexión, nos acercaría a lo divino.

            De alguna forma, podemos entender que en la poesía de este libro, existe la visión del ser humano como un ser nacido para descifrar su contradicción interna, parece ser esa la tarea, el obstáculo y la posibilidad de trascender. Queda claro, que estos versos nos plantean la pregunta ¿Qué es “lo humano”? ¿Es la destrucción? ¿Es la reflexión? ¿Es la inconsciencia? Pues pareciera ser que es la lucha constante entre nuestras contradicciones éticas, lo humano deformará eternamente las bondades de la divinidad: “La filosofía del hombre nuevo/[...]/Hipnotizando el alpha y omega/Hábilmente/En el ciclo de la violencia.”

            La dicotomía entre lo humano y lo divino, como representantes de lo fragmentado y la unidad, respectivamente, es la contradicción más antigua que esta civilización conoce. Desde los libros fundacionales anteriores a La Biblia, ya las enseñanzas espirituales identificaban esta división. Cuando en un comienzo todo era unidad, silencio y quietud, la deidad decide crear utilizando la palabra, pronunciando la voluntad de crear da vida, es decir, el verbo como acción. La palabra como puente necesario para el entendimiento de otro y de uno mismo, es lo que en los comienzos rompe la unidad. Recordemos la Cosmogonía de Hesiodo, dónde antes de que el tiempo (Cronos) naciera, el cielo y la tierra eran uno o recordemos el Popol Vuh, donde en un comienzo todo estaba en silencio y armonía hasta que las deidades pronunciaron su voluntad de crear al hombre. O recordemos El Libro del Tao: “El Tao engendra el uno,/el uno engendra el dos,/el dos engendra el tres/y el tres engendra todo lo que hay en el mundo/Todo lleva el Ying sobre los hombros y el Yang en los brazos;/Ambos se funden con la energía vital para crear la/ armonía.”. Incluso en reiterados pasajes de este libro vemos coincidencias con la poesía de Rosalía Valenzuela: “Veo que el que quiere gobernar interfiriendo en el curso de las cosas no alcanzará nunca su objetivo. El mundo es un utensilio recibido del cielo. Nadie debe intervenir el él, nadie debe apoderarse de él”. O recordemos el Tomo I de la La doctrina secreta, donde Helena Blavatsky intenta explicar lo visto en el Libro de Dzyan (libro oculto para occidente):

Él único círculo es la Unidad divina de dónde todo procede y a dónde todo vuelve su circunferencia, símbolo forzosamente limitado por razón de la limitación de la mente humana, indica la Presencia abstracta y siempre incognocible, y su plano, el Alma Universal, aunque las dos son una.

            Esta decisión de los dioses, independiente de la cultura a la que pertenezca el mito, pareciera ser el comienzo de la fragmentación, es decir, el nacimiento del hombre es el génesis del concepto fragmentación.

            En conclusión, el libro El arte del caos, es un texto que pretende dar cuenta de la construcción humana, de los constructos del hombre, de sus corrupciones y vicios pero para recordarnos la virtud. Los contenidos en los versos de la poeta son contingentes, responden a la realidad concreta sin dejar de lado la belleza del verso, el lenguaje figurado, la estética del poema intimista y profundo que se abre a la realidad observable.  Podemos concluir de estos versos, que el caos humano de la fragmentación nada tiene que ver con el caos natural de las deidades, pues si en el primer caso traen dolor, sufrimiento, muerte y hambre, en el segundo se configura, ni más ni menos, como el curso armónico de las cosas. Entender la unidad en esta contradicción es la tarea que nos entrega en los brazos la poeta Rosalía Valenzuela, comprender nuestra historia y  procesos desde una visión que trasciende todo artificio humano.