El laberinto de mi mente y el minotauro de Marta Manríquez

El laberinto de mi mente y el minotauro de Marta Manríquez

Marta Manríquez  tiene viajes, reposos, estallidos y muertes, sin embargo, siempre regresa. Esta vez nos entrega su visión de la soledad y de la obligada prisión que sacude el alma de los escritores, especialmente mujeres,

y  la mejor forma de  develarlo es haciendo introspección; el Minotauro, Teseo, la Rival y ella  son uno solo habitando una vida, son demonios y fantasmas que se encuentran  tras nuestras personalidades dirigiendo los hilos de nuestro destino.

Marta exalta el conflicto de la eterna batalla contra sí misma, contra el resto y contra el reflejo con consecuencias vivenciales a rajatabla; la vida es desapasionada y fría porque lo que proyectamos en ella desde nosotros mismos  en sí lo es, pues también es un juego de doble cara, un espejo, una función matemática en donde tanto el problema como el resultado variarán de acuerdo al cambio de uno de sus factores y no caben allí conceptos, tales como compasión, comprensión o afectos porque vivimos en una jaula en que aquello no se da definitivamente a no ser que lo construyamos desde nosotros, aquello no viene adjunto ni por omisión.

Lo único nuestro -nos dice Marta- y aplicable es la libertad y la soledad, el dolor pasa en algún momento pero ambas quedan como fieles compañeras, aunque también quedan nuestros demonios y fantasmas, Teseo es uno y otro, todos somos Teseo y si no somos Teseo tenemos un Teseo dentro.

Marta Manríquez esta vez da un giro de 180 grados en temática y estilo, convierte su onirismo en realidad, más aun, logra expresar, de paso, de manera magistral el conflicto transversal de la mujer escritora, la soledad, la sexualidad, la lucha consigo misma, el autosometimiento y la conexión con lo interno, sueño y realidad unidos al final con el salvaje erotismo al final del libro.

Vemos una escritora madura con cosas fuertes que decir a través de su obra a su género y especialmente a quienes se encuentran prisioneras de sí mismas y del mundo por extensión, que reprimen la audacia de ser quiénes son y que esconden sus mundos, sus reflexiones, sus visiones de mundos y universos bajo la cama.

Un libro genial y por lejos un salto cualitativo en su escritura.

 

(Franco Ibáñez Zumel).