Cuerpo y literatura bajo sospecha

Cuerpo y literatura bajo sospecha

Realidades que datan de una literatura perteneciente a una cultura "otra", una cultura despojada de su lugar territorial por una ola civilizadoracon pretensiones de dominación, que configuran el mundo bajo sus propias costumbres y paradigmas.

Se produce el desarraigo de un periodo, una cultura y una tradición que no está adscrita a la línea temporal, se convierte en una no literatura allegada a un no tiempo. En esta zona oscura, a modo de fosa común, se arrojan los desechos de una historia propensa a desaparecer por omisión, se arrojan una infinidad de relatos indígenas, también se esconde la corporalidad mutilada por la racionalidad, y sobre estos cadáveres yace la conciencia totalizadora de la naturaleza pensada como cultura y sociedad de forma recíproca. Se esconden los restos de una cultura que fue brutalmente devorada por el colonialismo y su extensión, la modernidad. Aún el día de hoy, utilizar el término literatura para referirse a cualquier relato oral, e incluso para referirse a diferentes expresiones derivadas de la corporalidad, es conflictivo.

Cuando se investiga sobre literatura indígena, lo más probable es que se encuentren innumerables fuentes alusivas a narraciones sobre los indígenas, pero no de literatura indígena como tal. No está demás mencionar que la naturaleza de éstos abordan el fenómeno desde una posición externa en donde se habla sobre algo pero no se interactúa con ello. En consecuencia, se encuentran tanto referencias maravillosas, basadas en estereotipos, donde se destaca la conexión indígena con la naturaleza, como también se encuentran referencias a ellos que los describen como seres indefensos e infantilizados, ya que al no heredar directamente "la racionalidad" eurocéntrica, se les ubica en un tiempo biológico e histórico temprano, similar al de la prehistoria o al del bebé en sus primeros años. Por último, también existe la mirada del indígena bárbaro que atenta con su salvajismo a la sociedad, como si se tratara de un animal poco adiestrado que se escapa de su hábitat para hacer estragos en el mundo civilizado, esta última mirada ha prosperado bastante a lo largo del tiempo manteniendo el discurso hasta el día de hoy.

En el siglo XV se pueden encontrar las primeras fuentes de literatura que hacen mención al indígena, con la literatura de descubrimiento y el diario de viaje. En estos escritos, el recién llegado europeo describe una naturaleza prodigiosa y agreste. La función de estos relatos era vender América a Europa, de la forma más atractiva, el nuevo continente para hacerlo suyo y explotarlo para recibir el pago por el autodesignado descubrimiento, punto que se encuentra en discusión. Lo importante era lograr que se invirtiera en este hallazgo, sin embargo jamás se profundizó en la reflexión de lo que realmente estaban vendiendo. Toda imagen de América fue elaborada por la mirada de Europa, incluso la imagen contemporánea que América hace de sí misma corresponde a un paradigma europeo.

Colón reproduce una realidad donde América aún no era descubierta por él o por Europa, por lo tanto sólo vive en la posibilidad de lo que él había realmente encontrado. Muere también con esta posibilidad. El viaje de Colón cae en la incertidumbre pues sus viajes nunca fueron viajes a América, por lo tanto no se le puede atribuir un viaje y un descubrimiento que jamás tuvo lugar. La historia no debe reconstruirse para otorgar beneficios a quien ignora poseerlos. A fin de cuentas, no hablamos de un hecho, sino de una interpretación de lo acontecido.

La historia de América parte cuando es descubierta por Europa, todo lo que sucedió antes es irrelevante y por lo tanto no existe, se parte desde un vacío. Frente a tal afirmación existe una gran problemática que yace en la admisión que América fue descubierta y no inventada como postularía O' Gorman. La idea de descubrimiento fue vendida para otorgar derechos sobre una propiedad ejerciendo una poderosa influencia a través de campañas de extensión donde se hizo usufructo de tierras americanas con un ambicioso fin expansivo de dominación, colonialismo. El colono, llega a un territorio para implantar su propia cultura sin contar con el consentimiento de los propios habitantes nativos. Es así como la presencia indígena se convirtió en una amenaza para llevar a cabo los fines expansivos de dominación de los países involucrados, entre estos cuentan España, Inglaterra, Francia y Portugal. Europa comienza a tragarse América, portando entre sus dientes, su propia cultura, su propio arte.

Durante el tiempo de la colonia, se debía repensar la idea de identidad como una unión de parentesco nacional que separa una comunidad del resto. Luego de que las diferentes colonias lograran su ansiada independencia, se buscó a través del poder literario, borrar de la memoria el pasado colonial para forjar su propia identidad nacional, pero a pesar de las aparentes intenciones, se copian las dinámicas europeas manteniendo de todas formas la ilusión colonial. Es producto de aquello que se habla de la existencia de un distanciamiento de Europa, más no así de la europidad. Las colonias en América seguían fuertemente influenciadas por el viejo continente, sin embargo ya no se consideraban parte de él, pensaban en sí mismos como europeos en los márgenes. En consecuencia se crea una doble conciencia criolla con fundamento geo-político, mas no racial. Producto de aquello, el autoconcepto que se poseía como comunidad se vuelve ambiguo, se veían a sí mismos como americanos, pero a la vez no dejaban de ser europeos; tampoco creaban lazos identitarios con la población amerindia y afro-americana. Finalmente, se crea un discurso de homogeneidad sobre una comunidad configurada por una nación aparentemente blanca, católica y con la misma lengua, ocultando todo aquello que creían que no les pertenecía, lo cual a lo largo del tiempo generó múltiples conflictos en torno a la identidad americana, conflictos que se arrastran hasta nuestros tiempos.

La europidad sigue latente en América y producto de esto entran en el territorio los mismos avances científicos y movimientos artísticos que tienen origen en Europa, ignorando por completo la cultura y la tradición que ya existía con anterioridad en esas tierras. Clasificar el arte indígena en general, sin hacer distinción entre los diferentes pueblos que existen, no es hacer justicia a la particularidad de cada cultura, aunque tampoco se debe olvidar que cada pueblo mantenía contacto con el otro y su desarrollo no se dio en forma aislada. En América se hallaban diferentes pueblos que contaban con su propia historia, lenguaje y descubrimientos, sin embargo, todos ellos, diferentes entre sí, quedaron reducidos a una única concepción: indios. Esta reducción despojó a aquellos pueblos de su propia identidad y son automáticamente vistos como razas inferiores que sólo pueden producir culturas inferiores, sus descubrimientos eran considerados obsoletos y totalmente ajenos a los avances del resto del mundo, finalmente toda la cultura indígena es desplaza en el tiempo y reubicada en el pasado. Son violentamente despojados de su lugar en la producción cultural de la humanidad.

A diferencia del paradigma europeo, las expresiones artísticas indígenas, se caracterizaban por ser recíprocas en sus diferentes manifestaciones, es decir, tanto la escultura, como la orfebrería, la cerámica, la poesía y la música tenían correspondencia con su propia cosmovisión. No existía división entre las diferentes formas representacionales de su cultura, tampoco disociación entre lo material y espiritual, o más concretamente, entre el alma y el cuerpo, entendido de una forma más occidental. El hecho de que su cosmovisión no haya sido perpetuada en forma escrita, deja bajo sospecha toda la producción literaria indígena, puesto que se tiende a pensar que sin la representación escrita no existe literatura, sin embargo esta aseveración tiene varias aristas. Que la tradición sea oral y no escrita no es el único factor que relega a la cosmovisión indígena un espacio de olvido, sino que también conlleva a que sea reubicada en un tiempo pasado, y por ende es considerada primitiva y carente de juicio racional, es desechada por obsoleta.

La razón por la cual es menospreciada se debe a que representa una actividad que no es propia del dominador, es considerada una tradición intrusa que atenta contra los avances de la incipiente modernidad. Ciertamente el hecho de que las religiones fueran politeístas provocaba un discurso incompatible con el "esplendor racional". La mirada moderna desplaza definitivamente a la tradición indígena, siendo evidente aún en nuestros tiempos. Vivimos en una realidad en la cual la cultura nativa se convierte en folclor, el arte se transforma en artesanía y la literatura queda reducida a no más que mitos y leyendas orales. Por lo tanto, aquellos poemas de índole religiosa que relataban el origen de una cultura, no podía ser considerado como literatura debido a su carácter mítico de ficción obsoleta y poco útil para enfrentar las problemáticas del momento, pero por otro lado, el mismo criollo en su estado occidental se sentía heredero de la tradición griega, y consideraba que estos mitos sí forman parte importante de la literatura universal. La diferencia radicaba, por supuesto, en que el mundo helénico pasa a formar parte del mundo occidental sin considerar las innegables influencias que tuvo esta cultura de las civilizaciones orientales. A fin de cuentas, es más propio el mito de Eurídice, que el culto al mundo espiritual mapuche.

Además de ser transmitido de persona a persona, de generación en generación, el relato oral tiene lugar en la inmediatez, su reproducción es susceptible a ser modificada dependiendo de quien la vuelve a contar, además de estar sujeta a interpretaciones como sucede en el caso de los relatos indígenas; sin embargo, al igual que el relato oral, el cuerpo también es puesto bajo sospecha por la perspectiva eurocéntrica que se impone en la modernidad, las razones para ello son similares a las razones por las cuales genera conflicto incluir el relato oral indígena a la literatura universal.

La diferencia entre cuerpo y no-cuerpo se extiende a través de la historia universal como construcciones comunes a las antiguas civilizaciones, la reflexión que hacen las diferentes culturas es que el cuerpo no abarca precisamente todo lo existente en el mundo, sino que forma parte de un ser y tiene significancia dentro de éste. Antes de la aparición del eurocentrismo, era común considerar indisoluble del ser humano la idea de cuerpo, estas dos dimensiones se correspondían en conjunto. Cabe considerar que cuando una sociedad habla de manera genérica acerca del cuerpo, puede negar la presencia de los cuerpos que no encajan en el plan maestro, en palabras de Richard Sennett. Podemos considerar la existencia una idea política de cuerpo, donde el estado es un cuerpo. El gobernante de una sociedad funciona como el cerebro humano, el ejército funciona como las manos, los comerciantes como el estómago y los campesinos como los pies. La idea política de cuerpo vuelve a aparecer con posterioridad al tomar el cuerpo en beneficio productivo de una sociedad industrializada.

La separación del cuerpo tuvo su origen popular con la expansión del cristianismo, donde se observaba una clara supremacía del alma sobre cuerpo. La exaltación del alma fue la idea que rigió el mundo durante bastante tiempo, y esto no cambió hasta la aparición de Descartes en el siglo XVII. Descartes retoma la concepción dualista entre cuerpo y no-cuerpo, pero ahora la radical separación se realiza entre "razón/sujeto" y "cuerpo". El origen de esta separación ya no encuentra su justificación en la base teológica, sino que la importancia de realizar esta incisión encuentra sus motivos en la necesidad de creación de un ente racional, ente que deja de lado sus pasiones y considera al cuerpo sólo un objeto de estudio. Lo que distingue al ser humano de los demás seres vivos, es que éste es un ser dotado de razón, y ese don se encuentra exclusivamente en el alma. Por lo tanto como ente irracional, el cuerpo es desplazado del sujeto hacia la noción de naturaleza humana, relacionado con la impulsividad y los instintos. Es así como se asocia la carencia racional como inferior, todos los pueblos que no contaban con la separación del cuerpo como entidad oculta, son considerados pueblos inferiores por no ser sujetos racionales. Producto de la consideración del cuerpo como parte importante e indisoluble del ser humano, estos cuerpos son arrojados a la naturaleza y se transforman inmediatamente en animales instintivos, pierden su capacidad racional y por lo tanto son dominables y explotables.

El cuerpo queda bajo sospecha, es mutilado y subyugado al poder de la mente y el alma, sin embargo, esta idea corresponde al de cuerpo civilizado. A la vez existen otros cuerpos que son marcados y racializados, lo cual deriva del sistema colonial europeo, donde ciertos rasgos corporales adquirieron significancia en la constitución jerárquica de la sociedad. En consecuencia ,para identificar grupos raciales se consideran rasgos como la forma del cabello, la estatura o el color de la piel lo cual implicaría una cierta correspondencia con habilidades intelectuales y patrones de comportamiento determinados. Nuevamente la idea colonial es arrastrada hasta nuestros días. Con el tiempo dejó de ser correcto considerar la noción de raza biológica, pese a ello, el cambio del término raza por etnia o cultura no hace más que reproducir la imaginación racial disfrazada, haciendo referencia a un desplazamiento del racismo biológico a uno cultural.

No se pude abordar por completo la temática de dualidad del sujeto en relación a lo corporal y no-corporal sino no se considera el fenómeno en toda su profundidad, el asociar el cuerpo a la naturaleza corresponde a un gran reduccionismo partiendo de la base que las concepciones de naturaleza que tienen tanto el mundo indígena como el eurocéntrico son dramáticamente diferentes. Para muchos grupos indígenas la cultura no provee de elementos u objetos con los cuales puede manipular la naturaleza, ya que es imposible manipularla. En consecuencia, los modelos de naturaleza no dependen de la dualidad naturaleza/sociedad, sino que existe correlación y continuidad entre ambas esferas.

Al igual que la presencia indígena y negra en América, el cuerpo es cosificado y debe responder al sujeto para convertirse en un ente productivo. La modernidad trae consigo un discurso totalizador que se propone convertir al ser humano en un eslabón importante de la cadena productiva y así contribuir al desarrollo social y económico, sin embargo para esto se debe adiestrar el cuerpo y desechar de una vez por todas, todo lo que no corresponde a la esfera racional. La idea de voluntad inescrutable de Dios queda obsoleta y es reemplazada por la concepción del hombre, quien con el uso de la razón es capaz de descifrar las leyes de la naturaleza para servirse de ella. Si el relato oral religioso indígena ya había sido desplazado siglos atrás, en este momento lo es aún más ya no sólo por la dominación de una ideología por sobre otras para ejercer poder, sino porque el mundo se regía por nuevas leyes lo que hace insostenible la predominación teológica o la simple existencia de fenómenos que no se puedan explicar. Por lo tanto, para llevar a cabo esta campaña, aumentaron los mecanismos de control sobre las fuerzas mágicas o misteriosas de la naturaleza.

Baudrillard dice que es propio del ser humano "forzar el cuerpo a significar". Se concibe al cuerpo como una entidad que no es precisa debido a su distanciamiento de la escritura reglamentaria, en consecuencia el cuerpo queda bajo sospecha y debe ser interpretado. Es así como el hombre se transforma en una serie de símbolos propensos a ser intercambiados. El cuerpo podría legitimarse, por ende, en relación a su utilidad para el ser humano, como era necesario durante el siglo XIX. Aún el día de hoy el cuerpo sigue bajo sospecha puesto que toda representación artística que se protagoniza desde el cuerpo requiere de significancia de acuerdo al pensamiento dominador para ser legítimo, el cuerpo no puede entregar un mensaje por sí sólo, sino que es el sujeto a través del cuerpo que quiere comunicar algo. Los investigadores de aquella época, tuvieron la labor de legitimar las políticas regulativas del Estado. Se implanta el proyecto de "modernización" en la sociedad reflejado en todas las instituciones, como la escuela, las constituciones, el derecho, los hospitales, etc. El objetivo era convertir al ser un humano en un ser aprovechable por la sociedad. Una sociedad descrita no como todos los habitantes de un territorio determinado, sino como grupo dominante que necesita nutrirse del trabajo de otro. El medio para lograr este cometido es a través de la implantación de la disciplina de las pasiones, para así orientarlas en beneficio de la colectividad.

Beatríz González Stephan identifica tres prácticas disciplinarias propias del siglo XIX: las constituciones, los manuales de urbanidad y las gramáticas de la lengua. El denominador común a estas prácticas es el uso de la escritura como medio de legitimación. El escribir tenía el claro fin de ordenar la civilización, constituir leyes e identidades nacionales, diseñar programas modernizadores y organizar la comprensión del mundo. Lo anterior conlleva inevitablemente a reflexionar sobre la calidad en la cual se forma la concepción de "sujeto de derecho", lo cual no es posible sin la incidencia de la escritura disciplinaria. En la línea de la escritura, y los manuales de urbanidad, se encuentra el famoso manual de Carreño, en el cual se propone domesticar el cuerpo y mantener los instintos propios del ser humano, ocultos. El hombre moderno debe tener autocontrol con el fin de hacer visible su diferencia social. Lo que escapa del comportamiento reglamentario forma parte de una historia que debía desaparecer.

La escuela es la primera instancia en la que se evidencia el manejo disciplinario del cuerpo, regido bajo un paradigma de mente sobre cuerpo. Es así como el comportamiento de los niños debe ser reglamentado, vigilado y sometido a la adquisición de conocimientos y capacidades que lo validen como futuros seres productivos. Pero la vigilancia no es sólo propia de la escuela sino que se extiende a través de toda la esfera social, es así como el "poder disciplinario" se ejerce desde la visión de Foucault. Existían reglas que cumplir dentro de una sociedad, las autoridades vigilaban que estas reglas se cumplieran, si alguien osaba a poner en peligro el orden ciudadano debía ser castigado. Estas prácticas siguen vigentes y no muestran luces de desaparecer, así como tampoco muestra intención cambiar la concepción de cuerpo como ente separado del sujeto puesto bajo sospecha, ni tampoco anuncia su transformación la literatura reglamentaria que desplaza el relato cosmogónico a un tiempo primitivo, sujeto a criterios de falsedad, en donde sale claramente desfavorecido. El tiempo transcurrido desde la colonización no es mucho comprado con el tiempo anterior a éste, sin embargo se podría llegar a pensar que a través de los acontecimientos mundiales que han marcado la historia con cicatrices que nunca desaparecerán, tanto las prácticas sociales reglamentarias que cohíben el cuerpo, como las ansias de dominación de una cultura por sobre otra, podría dar un giro y dar paso a un nuevo paradigma, pero la poca mutabilidad de estas prácticas durante los siglos hace que todo lo que no se considera propio del discurso dominador caiga en el vasto mundo de la utopía.


Bibliografía:
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• Sennett, Richard. Carne y piedra. : el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental / Richard Sennett ; traducción, César Vidal. Madrid: Alianza, 1997.
• Mignolo, Walter. "La colonialidad a lo largo y ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad". La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, Buenos Aires, CLACSO, 2000.
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• O' Gorman, Edmundo. "El proceso de la invención de América". Fondo de cultura económica. México, D.F. 1998
• González Stephan, Beatriz. "Economías fundacionales. Diseño del cuerpo ciudadano". Cultura y tercer mundo. Nuevas identidades y ciudadanías. Editorial Nueva Sociedad. Caracas. 1996.